Las fisuras son aperturas lineales incontroladas en un muro o tabique que afecta solo a su capa superficial o a su acabado exterior. Reciben esta denominación cuando el tamaño de las aperturas varía entre unas micras y unos 2 mm. Cuando son mayores de esta medida reciben el nombre de grietas y afectan a todo el espesor del elemento y por lo tanto le hace perder su integridad, pudiendo incluso tener orígen estructural. A través de ellas penetran el agua y otros agentes nocivos, que provocan finalmente la destrucción del revestimiento.
Además las fisuras y grietas pueden estar “vivas” (abren y cierran en función de la causa que las produce),o “muertas”  (no cambian de espesor, por encima de una tolerancia, al estar estabilizada la causa que las produjo.)
La posición de estas lesiones es determinante para su toma o no en consideración, siendo en todos los casos síntomas de la verdadera afección que puede ser de diversa índole: térmica, estructural, de cimentación, etc. Es decir que siempre son consecuencia de un problema originado por alguno de los diversos elementos que componen la edificación, pudiéndose situarse éste en las proximidades de las lesiones o no.

El abolsamiento es un ahuecamiento que se produce en la pared como consecuencia fundamentalmente de la falta de adherencia entre el revestimiento y la fábrica ( también se suele decir que el revoco esta bufado). El paso siguiente al abolsamiento sería el del desprendimiento.
Las causas más frecuentes que provocan este tipo de lesiones son: penetración del agua a través de fisuras o grietas existentes (con posibilidad de de congelación posterior); humedad anormal del soporte; falta de adherencia del revestimiento al soporte; presencia de caliches (Grano de óxido de calcio, producido durante la cocción del ladrillo, que se expansiona al hidratarse dando lugar a la aparición de desconchados de cal apagada); gran espesor del revestimiento por excesivo número de capas, o por gran espesor del mortero; preparación inadecuada del soporte; o bien por la aplicación de alguna capa, intermedia o final, de pintura plástica o de carácter impermeabilizante.

Los óxidos producto de la corrosión del acero ocupan un volumen muy superior al del material sano inicial. El aumento de volumen es del orden de diez veces. Esta expansión perjudica a los materiales en los que está empotrada la pieza, además de hacer perder sección resistente a la misma y de contribuir al ensuciamiento de la fachada.La corrosión de los materiales se define como la destrucción o deterioro de las propiedades de un material por reacción química o electroquímica. El término corrosión puede designar tanto el proceso en sí como el daño por él causado.

 

El ensuciamiento de las fachadas es una lesión que aparece con frecuencia, siendo su principal causa la acción combinada del polvo y del agua. Las manchas no solo perjudican el aspecto estético de la fachada, sino que puede llegar a producir incluso la destrucción de los materiales que la componen, debido a las reacciones que se pueden dar entre los diversos materiales en contacto. Las partículas ensuciantes penetran en los materiales porosos ayudadas por la acción del agua y por efecto de la capilaridad (capacidad que tienen los materiales porosos de succionar agua por encima del nivel que presenta la superficie líquida en contacto con ellos. El ascenso experimentado por el agua es inversamente proporcional al tamaño de los poros, dependiendo asimismo de la humedad relativa), al tiempo que las partículas más finas se van depositando en el interior de los poros. Este proceso se repite ciclicamente con cada lluvia, hasta que se colmata completamente el poro.