Gran parte de las cubiertas inclinadas en edificios de los cascos históricos de las ciudades y pueblos están construidas con estructuras de madera. Este material, que es noble y duradero si esta en las condiciones adecuadas, puede presentar graves problemas debido a la falta de protección contra la humedad. Los materiales de cubrimiento, ya sea por falta de mantenimiento o por defectuosa colocación, permiten a lo largo del tiempo entradas de agua inadvertidas que van afectando a las estructuras.

Como metodología de análisis se puede comenzar por la identificación del tipo de cubierta, seguida por la identificación de la especie arbórea de la que está constituida.
El paso siguiente es la inspección desde el exterior. Las deformaciones de caballetes, las panzas, los faldones y la existencia de deformaciones en aleros y hastiales nos dan una idea de los daños básicos y de los movimientos de la estructura. Estos daños y movimientos deben marcarse en croquis para su posterior identificación desde el interior. Las flechas acusadas en pares y cumbreras tienen su mayor peligro en propiciar la penetración del agua, la retención de la misma, y en general, el comienzo de la ruina de la cubierta.

Un par roto no significa en sí el peligro de igual accidente en sus colindantes: la existencia de una gotera sobre ese par puede haber producido el fenómeno de pudrición.
Un análisis fundamental de campo es la percusión sobre los pares, que han de vibrar y dar un sonido claro en toda su longitud. A veces el sonido sordo viene producido por daños superficiales, detectables como zonas blandas fácilmente atacables con cualquier elemento metálico. Estas zonas significan una disminución de escuadría y hay que tenerlas en cuenta y marcarlas sobre los croquis de trabajo. Son salvables pero no despreciables.
En el caso de deformaciones de la ripia, el motivo más normal, aparte de la insuficiencia de sección con respecto a la luz salvada, es el de la penetración de humedad o la insolación directa por falta de cobertura. La ripia es el elemento final de apoyo de la cobertura y su estado tiene mucho que ver con el de ésta. Las reparaciones que afectan solo a la ripia, acompañados siempre de retejado, si no tienen otras implicaciones, no requieren mayor cuidado que la correcta elección del material.

En el caso de patologías traumáticas la sustitución depende básicamente del área afectada y de la topología de la cubierta. En efecto, si el área afectada supera el 50% del conjunto, la situación es diferente en un edificio lineal con cubierta a dos aguas que en un edificio en U o con patio central con igual tipo de cubierta. Normalmente las áreas de sustitución deben, en casos de grandes sustituciones, coincidir con un quiebro, con una limatesa, o con algún elemento que nos permita realizar una unión correcta entre ambos sistemas estructurales, o entre maderas que, aunque sólo sea por diferencia de edad, pueden tener comportamientos distintos.

Es fundamental no comenzar el desmontado de la cubierta antes de entender perfectamente el funcionamiento y y el motivo de los daños de todos los elementos constituyentes de la misma. Esto se refiere naturalmente a cubiertas que queremos reparar y conservar. Y otra precaución: la intervención en un área exige SIEMPRE apuntalamientos y apeos que garanticen el estado previo de equilibrio. Siempre habrá alguien en obra que considere que ello es una exageración de precauciones o un gasto inútil, pero es privativo del director de obra cómo debe realizarse el trabajo y la renuncia a esta prerrogativa sólo puede traer problemas que pudieron haberse evitado